Estaba tan preocupada por encontrar una salida, por cómo reaccionar en esta situación, que me olvidé de que ya era de noche.
Cuando llegué a la oficina de mi abogado Miguel, lo único que vi fue oscuridad.
No pude evitar reírme con amargura.
Realmente, este golpe me había dejado tan confundida que ya no sabía ni qué pensar.
Aunque estaba muy angustiada y quería llamar a Miguel para preguntarle qué hacer, si existía alguna manera legal de darle la vuelta a todo, pensé que ya era muy tarde