88. Culpa y Desesperación
El sonido de la puerta al cerrarse resonó en la habitación, como un eco que se quedó suspendido en el aire. Clara permaneció inmóvil, sus manos temblorosas descansando a los costados de su cuerpo. Sabía que su esposo estaba huyendo, no solo de la tragedia, sino también de ella, de lo que habían sido hasta ese momento.
El silencio volvió a reinar en la habitación, un silencio que parecía envolverla por completo, aislándola en su propia soledad. Sintió una lágrima deslizarse por su mejilla, pero