– Sra. Lucy, más despacio.
– La Sra. Lucy no, cariño. Me siento como una anciana.
– ¡Pero eres vieja, mamá!
– Vete de aquí, niña. No soy vieja en absoluto. La edad es un estado mental, y yo tengo dieciocho.
– Si tú lo dices. – La niña se echó a reír.
A Madson Reese le divertía la confusión de aquellas mujeres que le hacían los días mucho más agitados de lo que debían ser. Más de lo que solían ser, cuando aún vivía con su padre, o incluso cuando empezó a vivir en aquel convento aislado y frío, d