Cesare se quedó paralizado durante unos segundos mientras la elegante mujer de amplia sonrisa caminaba tan sensualmente entre la gente que casi dudó de que fuera realmente ella. Había algo muy diferente en Madson Reese, pero no podía descifrarlo. Lo único que pudo concluir es que ahora parecía más madura. Más mujer.
La joven sonrió a un hombre cualquiera y, en ese momento, el señor Santorini despegó los pies del suelo para correr hacia la belleza que desfilaba entre la gente, mientras los hombr