Necesito hablar contigo.
Cesare Santorini miraba el paisaje exterior, aunque no podía ver gran cosa desde donde estaba a aquella altitud. Luego, tras unos minutos en los que reflexionó sobre su pesar, que probablemente nunca desaparecería, el hombre se dio la vuelta para volver al interior de la cabina, donde no había nada más que hacer. Y como era el único pasajero, tampoco tenía a nadie con quien hablar, aunque de todos modos no quería hacerlo.
Después de tres meses en aquella ciudad, después de ver a Sara Reese por