Si vas a matarme, hazlo ahora.
– Cesare, hablemos, por favor. Lo sé, lo sé. Suena mucho peor de lo que piensas. Pero no es así.
Los ojos desesperados de la mujer parecían negros por el susto y el miedo que sentía. Miraba fijamente a cada uno de aquellos hombres mientras intentaba cubrir su propio cuerpo con una sábana muy fina, pero ya no importaba. Las fotos para los periódicos ya habían sido tomadas, y ella sabía que esta iba a ser la peor pesadilla de su vida. – No tengo nada que hablar contigo, Sara.
– ¡No! Por favor. ¿