Todo estaba en silencio en la finca, como si la gente, las plantas e incluso los pájaros supieran que habría un desastre en aquellas tierras y lo hubieran abandonado por ello.
Cesare avanzó sin preocuparse de ningún peligro ni de los guardias que pudieran estar vigilando la invasión de forasteros o criminales. Unos cuantos hombres caminaban detrás de él, siguiendo lo que parecía casi una marcha de hombres peligrosos y brutales.
Un fotógrafo muy curioso que no paraba de hacer fotos del paisaje