Capítulo 44

La biblioteca estaba silenciosa, bañada por la luz cálida del atardecer que se colaba por las ventanas, tiñendo los estantes de madera de un tono ámbar acogedor. Avelyne estaba sentada en uno de los sillones, con las piernas recogidas y una enorme enciclopedia abierta sobre su regazo. Pasaba las páginas con perezosa lentitud, más por matar el tiempo que por verdadero interés.

Bastian, desde otro sillón no muy lejos, la observaba de reojo cada cierto tiempo, fingiendo concentración en su propio libro. Finalmente, lo cerró y lo dejó sobre sus muslos.

—¿De verdad te interesa eso? —preguntó con una ceja levantada, señalando el voluminoso tomo.

Avelyne bajó la mirada hacia el gigante de papel y se encogió de hombros.

—No, realmente no —admitió con honestidad—. Es solo que no tenía otra cosa que hacer.

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