Capítulo 35

Por un rato, nada  más importó. Solo esa sensación de ligereza y cercanía que los envolvía. Hasta que el hambre volvió a llamar.

—Quédate aquí —dijo Bastian—. Iré por unas brochetas.

Avelyne asintió y se apoyó en un poste de luz, observando cómo Bastian se perdía entre la multitud.

No pasaron ni cinco minutos, cuando aun brazo se cerró alrededor de su cintura desde atrás. Una mano áspera le cubrió la boca y el mundo giró de golpe.

Avelyne intentó gritar, pero el sonido murió ahogado contra la palma que la sujetaba. El suelo se movió bajo sus pies mientras la arrastraban hacia atrás. Hasta que el bullicio quedó reducido a un murmullo lejano.

La empujaron contra la pared de un callejón estrecho, apenas iluminado por la luna. El olor a humedad y basura le revolvi&

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