Capítulo 35

Por un rato, nada  más importó. Solo esa sensación de ligereza y cercanía que los envolvía. Hasta que el hambre volvió a llamar.

—Quédate aquí —dijo Bastian—. Iré por unas brochetas.

Avelyne asintió y se apoyó en un poste de luz, observando cómo Bastian se perdía entre la multitud.

No pasaron ni cinco minutos, cuando aun brazo se cerró alrededor de su c

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