Aún siento los labios de Fernando en los míos y sus brazos en mi cintura. No puedo creer que le permití besarme, soy una completa traidora.
Pero en este momento debo dejar de pensar en él y centrarme en Diego.
En este instante estoy observando como juega con Megan y deja cosquillas en su estómago provocando la risa de la pequeña. Es increíble que detrás de ese hombre guapo y aparentemente angelical se encuentre el peor de los monstruos.
—Mi princesita hermosa ya no puedo jugar contigo—Dice mien