— Esposa mía, levántate — siento su aliento en mi cuello, sus manos pasan delicadamente por mi cintura y su cuerpo se pega a mi espalda.
— ¿Uhhh se siente tan bien? — le digo y él sonríe.
— No seas perezosa, tenemos muchas cosas para hacer — me deja un dulce beso en la mejilla, sentir su aliento y el calor de su cuerpo me encanta, adoro las mañanas cuando hace esto. Ahora solo tengo que convencerlo de quedarse en la cama un ratito más. Giro mi cara y lo beso.
— Un ratito más — le digo y Jacob