—¿Me puedes explicar que haces? — pregunto, intentando deshacerme de él.
—Cuidarte — me aprieta más y evita que lo suelte.
Abro la boca e intento soltarme, pero Edith aparece en la entrada con su gran sonrisa.
—Por aquí, chicos — nos anima a avanzar.
—Claro — compongo una sonrisa, aunque lo que quiero hacer es soltarme de este estúpido hombre que me arrastra adentro.
El calor de su mano inunda la mía, e incluso enojada, las motitas de energía que suelen reaccionar a su cercanía, vuelven a