Perlman no soltaba la mano de Ivonne y ella tampoco hacía esfuerzo alguno por quitarla de la posesiva mano del hombre. Ambos se miraban a los ojos, como tratando de mirar dentro de los pensamientos del otro, había como un aire de sensualidad y picardía entre ellos en ese momento.
Hasta que sonó la puerta de las oficinas de Grassman. De inmediato se soltaron las manos y comenzaron a darse vuelta hacia donde estaba la puerta, en ese momento la figura de Alexander Grassmann se recortó en el marco