Aida y Horacio habían llegado a su destino final, una chica del hotel les recibía, los señores Kent, luna de miel y aniversario. La chica tenía un acento maravilloso, Aida hablaba perfectamente el italiano, Horacio no lo hacia de la misma manera que ella, aunque como dijo en tono jocoso, me haré entender a la perfección. Pero su francés era impecable, seductor y volcánico.
El botones les conducía a sus habitaciones, cuando la puerta se abría ante ellos, quedaron maravillados, un hermoso balcón