Se detuvieron para el acostumbrado ritual de Edna, fumar su cigarrillo.
-Lo sé…Lo sé cariño; te prometí dejarlo de por vida, pero estas cosas me obligan a fumar uno, no seas aburrida y mojigata, fuma uno conmigo…-.
-Eres loca, estoy marchitándome poco a poco, aunque tienes razón en algún momento de la vida es necesario hacer una locura, y las locuras me recuerdan que aún estoy aquí-.
Las dos mujeres se miraron mientras fruncían su ceño con gracia y complicidad.
Edna susurraba -A veces salirnos