—Solo será un segundo, no haré nada que no quieras, lo prometo… —temerosa, me echo hacia atrás provocando que cayéramos en la cama, al verlo tan cerca de mí, aleje mi rostro evitando que de nuevo me besara, poso su mano sobre mis ojos y dijo.
—¡Si me besas, no te lo perdonaré nunca! —increpe, tensa, esperando a lo que haría, pero era innegable el deseo que había de por medio entre los dos, como un magnetismo que odiaba y a la vez me atraía de nuevo a él.
—La próxima vez que te bese será porque