Con torpeza abrió la puerta, empujándonos a trompicones, mientras yo le besaba con una necesidad dolorosa, penetrando nuestras bocas con voracidad, mientras me despojaba de mis prendas mojadas, al intentar quitarme el camisón cubrió mi cara mojándola. Cuando por fin pude ver su expresión, solté una carcajada.
—¿Ahora de qué te ríes?
—Es que… es que… si vieras tu expresión de apuro, parece que no lo estás pasando bien —volví a sonreír viendo su expresión incómoda.
—Joder… como puedes estar rié