Delilah abrió los ojos al sentir una presencia en su habitación, intentó gritar, pero le cubrieron la boca para que no lo hiciera.
—Señora —escuchó la voz de Andrea—, soy yo, no grite.
La mujer la fue soltando y Delilah la miró preocupada.
—¿Qué ocurre? —No era muy normal que Andrea irrumpiera en la mitad de la noche en su habitación y menos con esa expresión de espanto.
—Creo que intentan entrar a robar, pero no se preocupe, la policía ya debe estar alertada.
Delilah salió de la cama intentand