—Hijo, yo solo lo hice…
—Para darnos un empujoncito, ya lo dijiste —gruñó Maximiliano—. Los has repetido al menos diez veces. ¡¿Cómo se te ocurrió hacer eso?! ¡¿Y cómo es posible que ella accediera?!
No sabía qué le dolía más, si que su madre hubiera jugado con su vida como si fuera un títere o que su esposa hubiera accedido a hacer un trato de esa índole con ella.
Si se lo hubiera pedido, si le hubiese contado la situación, él le habría conseguido a su hermana lo que quisiera.
O tal vez no, qu