Maximiliano encendió las luces al entrar tras Zafiro, ella se había adentrado en la habitación a oscuras y con paso seguro, pero apenas cerró la puerta la vio dudar.
Fue solo un instante, pero lo suficiente para que él que la estaba observando como un lince a su presa se percatara del cambio.
Zafiro sonrió como una invitación para que se acercara a ella, de forma inconsciente la vio llevarse la mano al collar que siempre colgaba de su cuello y que le había dado aquel nombre falso.
Lo frotó, era