Delilah cerró los ojos y se abandonó a las sensaciones que aquel beso le estaban proporcionando.
No fue como ella imaginó, no la estaba devorando como el hombre sediento de sexo que imaginó que era y aquello solo podía ser una manipulación más para seducir a las mujeres.
Él parecía estar adorándola.
La besaba lento, profundo, jugando con sus labios hasta arrancarle suspiros de satisfacción que no podía controlar.
Maximiliano la levantó provocando que sus pies dejaran de tocar el suelo, uno de s