CAPÍTULO 7. ENTRELAZADOS
No pude quedarme más tiempo allí. No soportaba seguir viéndolo en ese estado… y no poder hacer nada. Salí corriendo de la casa rumbo a los jardines, no pensaba irme, solo necesitaba aire. Necesitaba silencio.
Deambulé entre los senderos de piedra durante unos quince minutos… tal vez más. El frío de la noche no logró despejar mi mente. Entonces escuché mi nombre.
—¡Tessa! ¡Niña, ¿dónde estás?! - Era Maelis, asomada desde el pórtico, con su rostro sereno, me agradaba, era una buena persona. No qu