La taza de té ya estaba fría.
Sophia la sostuvo un rato entre las manos, como si el calor que había perdido pudiera volver por simple nostalgia. La tarde estaba hermosa, a contrario de lo que sentía Sophia en su interior. Se sentía como un día nublado y frío. Como esas lluvias de invierno, sentía que el frío se le colaba por los pies y subía lentamente por sus huesos, haciéndole doler cada articulación de su cuerpo. Rex dormía enroscado cerca de la ventana, ajeno a las turbulencias que flotaban