Punto de vista de Camila
Enzo tenía un aspecto terrible. La piel pálida, casi gris, y la respiración superficial.
Me senté a su lado en la cama de la habitación de invitados, sujetando su mano fría entre las mías, deseando con todas mis fuerzas que abriera los ojos.
—Por favor, ponte bien —susurré—. Por favor, Enzo. No puedes dejarme ahora. No después de todo lo que ha pasado.
El médico que había llamado mi padre dijo que Enzo se recuperaría: hipotermia, agotamiento, una conmoción leve, nada qu