Punto de vista de Mateo:
El despacho se sentía diferente cuando entramos los tres juntos, moviéndonos como extraños en un espacio que debería habernos resultado familiar.
El aire estaba cargado de tensión y podía sentir a Valeria y a Camila observando cada uno de mis movimientos, esperando que me resquebrajara bajo la presión de lo que estaban a punto de lanzarme.
Camila se sentó en la silla frente a mi escritorio con la postura rígida y formal de alguien en un interrogatorio.
Valeria se quedó