Punto de vista de Mateo
Me levanté de la tumbona y miré el rostro surcado de lágrimas de Valeria.
Parecía tan joven, tan herida, y una parte de mí quiso retractarse del brutal “sí” que acababa de soltarle.
Pero tenía que decirlo. Por el bien de los dos.
—Valeria, tienes que entender algo —dije, manteniendo la voz suave pero firme—. Todo lo que pasó entre nosotros, en aquel baño, las cosas que dije, la forma en que te miré… no era real.
Ella se estremeció como si la hubiera abofeteado.
—¿Qué qui