—Siento que dormí por un año. Han pasado tantas cosas —murmuré, mi voz apenas más que un susurro en la calma de la habitación.
Nos habíamos levantado hace dos horas, pero el tiempo parecía dilatarse en ese momento íntimo que compartíamos. Habíamos dedicado ese tiempo a hablar de todo lo que había sucedido y estaba aconteciendo en nuestras vidas.
—Me di cuenta de que te necesito cada día de mi vida, Isabella. —Sus palabras eran un susurro cargado de confesión, y me apreté más a su pecho como si