Un día después
—Prefiero estar torturándome viendo por quinta vez esa película favorita de Artem, que estar aquí —se quejó por milésima vez, y su queja resonó en el bullicio del centro comercial. Bufé, consciente de la impaciencia que destilaba en cada palabra.
Debido a que supe con poco tiempo sobre nuestro viaje, me vi en la necesidad de salir a comprar ropa tanto para los niños como para mí. Así que llevábamos más de dos horas inmersos en el bullicioso centro comercial, explorando las tienda