Alessandro, con una sonrisa siniestra, observó nuestras expresiones con deleite mientras su mano herida sostenía la sangre que brotaba. El silencio se hizo más denso cuando pronunció sus palabras con frialdad.
—En quince minutos, este edificio se convertirá en escombros. Las cargas explosivas que acabo de activar asegurarán que no quede piedra sobre piedra.
La noticia cayó como un manto de plomo sobre nosotros.
Mis ojos se abrieron con incredulidad, y mi corazón pareció detenerse por un momento