—¿Qué? —preguntó desconcertado.
—La única manera de sacarte de esas esposas es rompiendo tu dedo pulgar. —Mi voz tembló, consciente de la brutalidad de la sugerencia. Sabía que no había otra opción si queríamos liberarlo antes de que todo se viniera abajo.
Darko asintió, aceptando el precio que tendría que pagar para su libertad. Con manos temblorosas, busqué un objeto que pudiera servir para la tarea, mientras el tiempo seguía su marcha inexorable.
Agarré una barra de metal que encontré cerca