De repente, la radio de Lyonya crujió con vida, y nuestros oídos captaron las voces entrelazadas de los hombres que se comunicaban en clave. Algo estaba sucediendo.
—Lyonya, ¿todo está bien? —pregunté ansiosa.
—Nos encontramos con resistencia, pero estamos avanzando. No se muevan. Mantengan su posición —ordenó, y el tono de su voz dejaba claro que la situación no era tan simple como habíamos esperado.
La espera se volvió eterna, y mi mente divagaba entre temores y esperanzas. El ruido de metral