Capítulo 26.
Tianyu
El salón de conferencias olía a tabaco caro y a una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Los líderes de las facciones secundarias ya estaban sentados, guardando un silencio sepulcral que solo se rompió cuando entré. No saludé a nadie; no era necesario. Me senté en la cabecera de la mesa y Zhenyu se colocó a mi derecha, cruzándose de brazos con esa actitud de perro guardián que tan bien sabía fingir.
—Empecemos —solté, dejando mi móvil sobre la mesa de madera oscura—. No tengo todo