Capítulo 15.
Yuna
El primer rayo de luz gris se colaba por el ventanal cuando Lin se movió. No se apartó del todo; su polla, que había vuelto a endurecerse dentro de mí mientras dormíamos, se removió con un empujón lento, casi perezoso, pero profundo. Solté un gemido involuntario, todavía sensible y dolorida del round anterior. Su semen de antes seguía goteando entre mis muslos, mezclado con mi propia humedad, pegajoso y caliente.
Abrió los ojos despacio, negros y turbios de sueño y resaca, y me miró fijo.