Jadeo mientras nos acoplamos, coño contra coño. Cada centímetro de mi ser se siente vivo de una forma que nunca imaginé. Mis manos exploran sus pechos, sus hombros, desesperadas por aprenderse el mapa de su cuerpo.
Ella murmura elogios y correcciones, dejando que yo tome la iniciativa bajo su guía.
—Esto… se siente… tan bien —susurro.
El ruido exterior se apaga; no llaman a la puerta. El alivio me invade… ruego que Stan no regrese.
Inker me sujeta con firmeza, sus dedos hundiéndose en mis cader