—Señor Kensington —habló Amanda haciendo acto de presencia con la tableta en la mano —. Su padre, el señor Kensington quiere verlo.
—¿Ah sí? Déjalo entrar.
Ella asintió y salió. Maxwell desde su lugar pudo escuchar los improperios de su padre y el reclamo en su voz contra la empleada. Pero Amanda solo estaba siguiendo órdenes de avisar antes de permitir que cualquier persona ingresara a la oficina de Maxwell.
Máximo, entró con cara de pocos amigos, todavía rabioso se sentó frente a su hi