Aria, ese día de regresó a casa, todavía estaba pensando en los trillizos, se despidieron de su padre, tras Aria encargarse de que los pequeños se cepillaran los dientes y se durmieran, se sentó en el sofá junto a Maxwell.
—Hoy, ha sido un día diferente y muy bonito para los niños, nunca los había visto tan contentos.
Entonces se recargó en su pecho y Maxwell besó su coronilla.
—Me alegra saberlo. ¿Estás bien?
—¿Por qué no estaría bien? —le preguntó al hombre, levantó la mirada conectando c