En el camino, su mente corría con preguntas. ¿Qué había pasado realmente? ¿Por qué no había llamado a la policía? Cuando llegó al apartamento de Amanda, la puerta estaba entreabierta. Entró con cautela, llamando su nombre.
—Amanda, ¿estás aquí?— preguntó, sintiendo una creciente inquietud.
La encontró en el baño, con la puerta cerrada. Al abrirla, la vio sentada en el suelo, con lágrimas en los ojos y un aspecto desaliñado.
—¡Oh, Maxwell!— exclamó, fingiendo estar afectada. —No sé qué hacer. To