Aria subió a su auto, sintiendo que el mundo a su alrededor se desvanecía. Una vez dentro, las lágrimas comenzaron a brotar sin control. Se dejó caer contra el volante, sintiendo el peso de la angustia aplastarla. La conversación con Maxwell había sido causante de su destrucción interna, y ella quedó en ruinas.
Con manos temblorosas, sacó su teléfono y marcó el número de Estela. La voz de su amiga, siempre
—¿Aria? ¿Qué pasa? Te escuchas mal.
—Estela, necesito verte. ¿Puedo ir a tu casa? —su v