Decidió estacionar un poco más adelante, sintiendo la necesidad de aclarar sus ideas. Miró su teléfono, dudando si debía llamar a Maxwell o no. La angustia y la confusión la invadían, y finalmente murmuró para sí misma: —No, no lo llamaré aún.
Mientras tanto, en la oficina de Maxwell, él estaba enojado. Había pasado la jornada laboral furibundo, desquitándose con sus empleados por la frustración acumulada tras el encuentro con Aria. Cada demanda que hacía, cada exigencia que lanzaba, parecía má