El hombre giró la cabeza hacia Noah, quien estaba entrando a la habitación, alegre de verlo despierto después de tanto tiempo. Incluso cuando menos lo esperaba, el abogado estaba derramando algunas lágrimas, y Maxwell lo tildó de exagerado.
—Max, dime que esto no es un sueño.
—No, definitivamente no lo es; es una maldita pesadilla —escupió, a lo que el moreno se desinfló sobre el asiento, sabiendo que, si bien había recuperado la conciencia, ahora tenía que lidiar con una invalidez.
—Lo siento