La madrugada estaba en calma, pero el silencio se rompió por el llanto de la pequeña bebé de Aria. Despertándose de un sueño ligero, Aria se levantó rápidamente, sintiendo el habitual cansancio que la invadía cada vez que uno de sus trillizos lloraba. Con ternura, tomó a su hija en brazos, acunándola suavemente mientras la mecía.
—Shhh, pequeña, todo está bien —susurró Aria, intentando calmarla. Sabía que su bebé tenía hambre, así que se dirigió a la cocina para preparar un biberón.
Mientras ca