Era una tarde tranquila cuando el sonido del teléfono rompió el silencio en la casa de Abigail y Máximo. El teléfono sonó insistentemente, y Abigail sintió una punzada de inquietud en su estómago mientras se acercaba al aparato. No esperaba una llamada en ese momento, y el tono grave de la voz al otro lado de la línea la hizo temblar.
—¿Abigail? —dijo el médico, su tono grave y directo—. Lamento informarte que tu hijo, Maxwell, ha estado involucrado en un accidente automovilístico grave.
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