La tensión entre Maxwell y su padre, Máximo, había alcanzado un punto crítico. Las discusiones se habían vuelto más frecuentes y acaloradas, cada una más intensa que la anterior. Aquella tarde, en la oficina, la última conversación se tornó en una explosión de palabras hirientes.
—¡No puedo creer que estés dispuesto a tirar tu vida por la borda por esa mujer! —gritó Máximo, su rostro enrojecido por la ira.
Maxwell, con el corazón latiendo con fuerza, replicó:
—¡Ella es importante para mí, padre