La mirada de Simon se volvió gélida mientras estaba fija en la caja negra.
¿Cenizas?
Su respiración se aceleró aún más que antes. Sus ojos estaban pegados a esa caja, aunque hubiera millones de voces gritando en su cabeza que no, que no eran sus cenizas y que aún no estaba muerta.
Sin embargo, la tristeza en sus ojos se extendió rápidamente...
Al cabo de un rato, él agarró la caja negra con fiereza y levantó los brazos para destrozarla.
“¿Qué cenizas? Ella aún no está muerta, ¿por qué habrí