—Bueno, supongo que son cambios que se iban a dar de cualquier forma—expreso para ya no darle importancia y así evitar enfadarse— ¿Tienes hambre? Si quieres puedo traerte un poco de fruta.
—Por supuesto— expresé no muy convencida de mi respuesta, pero la señora Martha se estaba esforzando por evitar que me sintiera incómoda con mi situación, postrada en cama no podía hacer mucho más que comer o leer, quizás quería entretenerme para olvidar que el señor Dashwood estaba ocupado con las mujeres qu