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50 chapters
Prefacio 01: La Familia Volkov
14 años antes Un fuerte estruendo se hizo presente en la habitación provocando qué mi cuerpo se estremeciera ante el sonido, me encogí resguardándome en la seguridad de las mantas qué me cubrían. No podía dormir, no solo por la tempestad qué afuera azotaba los árboles contra las ventanas de la casa, sino porque había otra cosa que me aquejaba y evitaba que pudiera conciliar el sueño, me obligaban a irme de casa. Mis padres ya habían planificado mi futuro, algo que no lograba comprender, quizás por ser muy joven o porque no me explicaban el porqué de sus decisiones, sus ideales me atemorizaban más que un par de truenos. Mi existencia siempre estuvo rodeada de lujos y privilegios qué una familia como la mía podía ofrecer, pero una vida así también exigía ofrecer algún sacrificio y por ello, mi educación militar comenzaría a la edad de doce años, por supuesto, solo porque mi padre había movido sus influencias para convertirme en el cadete más joven en la historia de aquella academia.
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Prefacio 02: El principe Heredero
Caminamos por el largo corredor oscuro hasta llegar a lo que parecía ser una sala redonda, alrededor había dos ventanales que permitían observar el paso de la tormenta, pero nada mas, ni pinturas o algún otro mueble, solo se encontraban un par de puertas que supuse debían llevar al despacho de mi padre, era lo único que había en ese lado de la casa.El rastro de aquel liquido rojo en el suelo llegaba a ese lugar y mi madre, continúo hasta abrir las puertas, a pesar de la angustia que sufría, no pude evitar la emoción que me producía el por fin ver que había en ese lugar.Así que cuando finalmente se abrieron las puertas, divise algo que me desconcertó, no era lo que esperaba, un despacho común con libros, sofás, cuadros y artículos decorativos. Nada qué no hubiese visto antes en otra habitación de la casa, aunque había una chimenea, estaba encendida y mi padre estaba frente a ella, sentado sobre un sofá sosteniendo una copa de vino en su mano.—Los mataron a todos Lewis—declaró mi pad
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Capítulo 1: La tormenta
El camino a casa estaba cubierto de árboles de jacarandá, sus flores moradas abundaban por ambos lados de la calle debido a la brisa qué las había arrancado de las ramas, dejándolas olvidadas sobre la acera.Durante la temporada de lluvias era inevitable qué esas flores cayeran, eran frágiles y efímeras, pero quizás esa parte de ellas era lo más hermoso, qué su belleza era solo para admirarse por poco tiempo.Estaba a un par de calles de llegar, pero en realidad no tenía la fuerza ni la voluntad para dar otro paso más. Cambié el rumbo hacia el interior de un parque vacío, intuí que las nubes grisáceas que se podían divisar en el firmamento y que amenazaban con dejar caer gotas de agua fría, era el motivo por el que el parque y mi banca favorita, qué usualmente siempre estaba ocupados por ancianos o madres paseando a sus bebes, estuviesen vacíos.Me senté acomodando la falda del vestido color verde pistache qué mi madre había preparado para mi esa la mañana, coloque el estuche de mi má
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Capítulo 2: Como un dia común
—No es nada—me dijo con una sonrisa, satisfecha por haber realizado su buena acción del día o al menos eso parecía creer. Volví a observar la hoja de papel en la mano, reflexionando qué iba a hacer con eso, mis principios me sugerían reprender a mi amiga por la falsificación de la firma de mi padre, pero, por otro lado, me evitaría los dos problemas qué me esperaban en casa, mis padres.—¿Te parece esto una buena idea?—Por supuesto—aseguro mientras guardaba el fino bolígrafo devuelta en la bolsa—nadie notará la diferencia.Doble la nota y la guarde debidamente en uno de los bolsillos mal remendados de la bolsa que colgaba, al igual que la de mi amiga, sobre mi hombro. No entendía cuál era el motivo por que alguien como ella había elegido ser mi amiga, entre ambas existían muchas diferencias y no solo por su cara bonita y su facilidad para socializar con la gente, la diferencia qué nos separaba era una brecha social, entre el dinero y la pobreza.Su familia había escalado los peldaños
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Capítulo 3: La biblioteca secreta
—Duele— Me queje. Gracias al espejo frente a mí, logre ver como alzó la vista para sonreír con picardía, era su manera de castigarme por llegar tarde.Mantuvo silencio mientras cepillaba mi cabello como si estuviese contemplándolo, parecía disfrutar de ello, tal vez le recordaba mi niñez, cuando vivíamos en Cittadella. No recordaba mucho de esa época, pero si recordaba la forma en como solía cepillar mi cabello, el cual por alguna razón poseía un tono diferente, casi podía jurar que parecía rubio. Ahí se encontraba nuestro antiguo hogar, era una casa amplia, el interior estaba pintado de blanco y tenía una hermosa alfombra azul en la sala de estar en donde disfrutábamos de una taza de chocolate caliente durante el invierno frente a la chimenea. Mi madre era feliz porque tenía empleados, una sirvienta, una lavandera y una cocinera llamada Gertrudis, sus pasteles de manzana eran los mejores. Al llegar aquí, mi madre solía quejarse de la comodidad que habíamos perdido, pero lo hacía de
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Capítulo 4: El inicio del dolor
Asentí y salí de la oficina. Fui a buscar a mi madre en la cocina para ayudarle tal y como me lo había ordenado mi padre, ella servía algo caldoso color naranja en los platos, no sabia que era, pero olía bastante bien, ella tenía la habilidad de hacer con pocos ingredientes una comida digna de un rey, quizás no tenía el mejor aspecto, pero su sabor era increíble.—Anda ve a dejar esto en la mesa.Y puso dos platos sobre mis manos, los lleves con precaución a la mesa, aún seguían calientes y al volver a la cocina la expresión de mi madre era de espanto.—Olvide comprar el pan—anuncio exaltada. Le iba a decir que no hacía falta comprarlo, pues afuera aún seguía lloviendo y hacía mucho viento para salir, pero antes de reaccionar me di cuenta de que ya tenía el dinero en su mano y el abrigo en la otra.—Si quieres yo voy por él—propuse con tal de que no saliera, había estado en la cocina bastante tiempo y su cuerpo resentiría el frío de la lluvia.—¿Y eso?—alzo las cejas, sorprendida—¿Qu
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Capítulo 5: La cruda realidad.
El zumbido persistió perforando mis oídos, así como el dolor que recorría mi cuerpo impedía que pudiera acelerar el paso. Cada movimiento era un martirio e incluso algo tan simple como era el respirar se volvió una tortura constante que no me dejaba pensar con claridad.Camine y camine sin idea de donde me encontraba, debido a la destrucción de las calles era imposible saber con exactitud mi ubicación, vi humo y fuego, caos y destrucción, pero en medio de aquel escenario caótico, lo peor fue encontrar cadáveres a mi paso, hombres, mujeres y niños por igual. Intente desviar la mirada, estaba asustada, con el alma hecha pedazos y con el corazón entre las manos, sin saber cómo reaccionar ante lo que mis ojos lograban ver, sangre, dolor y muerte.Derrame un par de lágrimas, pero no más, ni ellas se sintieron lo suficientemente valientes como para brotar, solo pensé en llegar a casa, en mi interior rogaba por un milagro, anhelaba que mi calle no hubiera sido destruida en el bombardeo y que
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Capítulo 6: El Jardin
Mi mente, por un momento lo olvido todo. Cuando desperté, creí estar en mi cama, la luz del día cegaba mi vista, así como cuando se introducía por las cortinas de mi habitación en las mañanas. Creí que en cualquier momento escucharía la voz de mi madre gritándome desde la planta baja para ir a desayunar y no sé por qué, pero la avena espesa y sin sabor, la cual odiaba desayunar cada día, en ese instante me apetecía probarla, sin embargo, mi cotidiana vida había terminado, lo supe desde el mismo instante en que escuché voces afuera de la habitación, eran voces masculinas y potentes.Me levanté sintiendo un enorme peso sobre mis hombros, era el agotamiento y la frustración, el no saber el paradero de mis padres y el encontrarme sola en ese lugar. Necesitaba consuelo, tal vez la única manera de encontrarlo en este mismo instante era llorar hasta quedarme seca, hasta sentir que todo mi dolor, físico y mental, desaparecía, pero yo no era así, al menos no desde que mi padre me dijo un día:
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Capítulo 7: Trabajo
En realidad, el lugar parecía ser más bien un bar o un salón de juegos, supuse que así eran ese tipo de lugares, llenos de bebidas y rodeados de mujeres hermosas, realmente no habria sospechado nada hasta que vi a una pareja. Un hombre pago por una de las chicas, aquel caballero era robusto y de rostro poco agradable, alto y de voz ronca mientras que ella era hermosa al igual que Jazmín, su cabello rojizo me fascino al momento de verla, brillaba con las luces del lugar y sus bellos ojos azules parecían estar llenos de agua clara, era como ver a un dulce y bello ángel a punto de entonar una oración, sin embargo, mi perspectiva cambio cuando la chica fue con aquel tipo repugnante hacia uno de los pisos superiores y solo de esa forma comprendí que tipo de lugar era ese sitio, sin embargo, no entendía por qué estaba ahí y porque una de esas chicas me había traído. —¿Por qué estamos aquí? — le cuestione mientras avanzábamos más allá de las mesas, pasamos por un par de pasillos que escondí
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Capítulo 8: El Mayor Roy Daswood
Habían transcurrido siete días desde que había llegado al Jardín, había comenzado acostumbrarme a la monotonía de mi trabajo, a mi nueva normalidad y eso significaba que debía levantarme temprano y hacer la limpieza de las habitaciones qué las chicas usaban todas las noches, en vez de ir a tutorías de mecanografía como lo hacia cada día en casa, me había convertido en la aprendiz de Isabel, una joven con un pasado no muy diferente del mio, ella había sufrido abusos de su padrastro, lo que le había obligo a escapar de casa y de alguna forma había terminado en ese lugar, pero incluso ese sitio había sido mas un hogar que la casa de su propia madre.El Jardín no era solo un burdel común, de hecho pensaba que era un lugar donde realmente se reunían las flores maltratadas, las abandonadas y las perdidas. El destino me había llevado ahí, no solo para conocerlas si no también para aprender un poco de sus experiencias o al menos mi mente me obligaba a pensar de esa forma, sabia muy bien que e
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