69. ENCUENTROS
Nadir se removía inquieto en su silla, la ausencia de Lianet comenzaba a pesarle como una eternidad. Con cada minuto que pasaba, la preocupación tejía una red más apretada en su pecho. Finalmente, la incertidumbre lo venció y, excusándose con un gesto, se levantó. Al salir del aula, sus ojos buscaron frenéticamente hasta que, a lo lejos, la figura de su novia se delineó en un abrazo ajeno. El corazón de Nadir se estremeció al considerar la posibilidad de que su dulce e inocente prometida pudiera