63. LA VERDAD
Cada segundo que Manuel Limonta pasaba a lomos de su caballo era como una puñalada en el corazón. La rabia y la ira se iban apoderando de su mente. "¡No puedo haber sido tan estúpido!", se repetía una y otra vez. "Si me hubiera dado cuenta de ese vil engaño, me habría divorciado y me hubiera casado con Cecy, el gran amor de mi vida. ¡Estúpido, burro, por ser tan ingenuo te pasan estas cosas!" Afortunadamente, sus amigos Josué y Vania no le guardaban rencor.
El caballo galopaba a toda velocidad,