62. LLAMADAS
Nadir y Lianet apenas entraron a la residencia estudiantil, una avalancha de felicitaciones y bromas les llovieron de parte de sus compañeros por el recién ganado campeonato. Solo atinaban a sonreír, ruborizados y tomados fuertemente de las manos, como si temieran soltarse.
Cuando por fin lograron zafarse del alboroto colectivo, cada uno se dirigió a su respectiva habitación, aún sin terminar de procesar los vertiginosos acontecimientos de los últimos días. ¿Cómo era posible que el mismo vierne