Al entrar, Valeria la esperaba sentada en el sofá con otra botella de vino en la mano y una sonrisa traviesa. Isabella soltó una carcajada al verla.
—Eres una alcohólica —bromeó mientras cerraba la puerta.
—¡Qué cruel! —fingió ofensa Valeria llevándose una mano al pecho—. Yo no soy ese tipo de pe